
Los recursos de nuestro planeta se dividen en dos grupos: los renovables y los no-renovables. Entre estos últimos se encuentra el petróleo, el cual algún día no demasiado lejano verá salir su última gota desde las entrañas de la tierra. La pregunta no es ¿Qué haremos entonces? sino ¿Qué hacer yá mismo? Cada día son más las empresas automotrices que se van sumando, algunas casi tímidamente, a la inversión en nuevas tecnologías que contemplen una fuente de energía alternativa. Los vehículos híbridos son un acercamiento; las últimas generaciones de eléctricos son más esperanzadores, y los motores impulsados por hidrógeno nos hacen pensar ¿Por qué no se empezó por allí desde un comienzo?
Los intereses creados en torno al negocio del petróleo siempre fueron demasiado grandes y poderosos. Sin embargo durante la crisis petrolera de los años 70 las empresas automotríces comenzaron a considerar fuentes de energía alternativas al petróleo. La incipiente tecnología de almacenamiento de electricidad no podía mejorar aún las pesadas y costosas baterías, y la autonomía era muy reducida, lo cual impidió un desarrollo rápido de los vehículos eléctricos. Hoy la tecnología automotriz se encuentra en un sitial muy diferente. Concebida en la década de 1840, la célula combustible sigue siendo "El Dorado" de la industria automotriz. No sólo significa motores más silenciosos -no hay combustión- sino que además, al utilizar hidrógeno, no emite gases tóxicos sino tan sólo vapor de agua.

Sin embargo, a pesar de los millones de dólares invertidos en investigación y desarrollo, esta tecnología sigue enfrentando serios obstáculos. No es fácil almacenar hidrógeno líquido. Además, las células todavía tardan demasiado en "calentarse", y el rendimiento de estos motores es menor que el de aquellos que funcionan a gasolina. Asimismo, el proceso para extraer hidrógeno del agua insume gran cantidad de energía (combustible fósil) y contamina el ambiente.
Según los especialistas, estamos a una década de alcanzar un avance significativo en esta materia. Algunas compañías automotrices han invertido miles de millones de dólares en esta tecnología, pero los costos deben ser reducidos en un 80% para que pueda rivalizar con los motores a gasolina.

Si Hollywood lidera la tendencia en el uso de vehículos híbridos, uno podría pensar que estos carros llegarán al estrellato. Actores como Billy Crystal, Harrison Ford y Susan Sarandon han sido vistos conduciendo el Toyota Prius, un automóvil que aprovecha la potencia de su motor a gasolina para alimentar un motor eléctrico paralelo. De este modo se logra gran eficiencia en el uso del combustible. Se ha vendido una importante cantidad de Toyotas Prius en todo el mundo, se pueden ver a cada rato circulando tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico o Europa. Pero aún queda mucho trecho por recorrer para que los automóviles híbridos igualen a los actuales en precio. Si bien son casi tan eficientes como los carros diesel, en países como Estados Unidos y el Reino Unidos no parecen estar en la preferencia de los consumidores.
En la década de los años 50, Harold Bate -un agricultor del condado de Devon, en Inglaterra- desarrolló un "digestor" que extraía metano de los excrementos del ganado. Bate utilizaba este gas para hacer funcionar su automóvil y su camión. Si bien la idea nunca germinó, muchos creen que ha puesto de relieve un hecho fundamental: que la naturaleza puede proveernos de numerosas fuentes de energía más baratas y limpias que el petróleo. En Brasil y Francia ya se utiliza el bio-etanol mezclado con gasolina. Se trata de un alcohol obtenido de la caña de azúcar o la remolacha. Teóricamente, el aceite de cocina puede ser utilizado en automóviles diesel. Algunas firmas británicas han comenzado a ofrecerlo y podría reemplazar enteramente al combustible diesel. Después de todo, los motores diesel fueron diseñados originalmente para funcionar con... aceite de cacahuete.

Parece un chiste, pero en años recientes los vehículos que funcionan con aire han aparecido en varias ciudades alrededor del mundo. Este automóvil utiliza, de hecho, aire comprimido como combustible y su inventor, el ingeniero francés Guy Negre, asegura que no contamina el ambiente. El aire es almacenado en tanques y, al ser liberado, mueve los pistones que propulsan el vehículo hasta alcanzar 120 kilómetros por hora, con una autonomía de 190 kilómetros. Esta idea ha contribuido a reducir las emisiones tóxicas en sitios como Ciudad de México y Ciudad del Cabo, pero los críticos han objetado que de todos modos se necesita electricidad para comprimir el aire.
Otra alternativa gratuita, la energía solar, tampoco ha logrado imponerse, aunque existe un gran entusiasmo en el mundo científico. Frecuentemente se realizan carreras de automóviles solares en las que compiten equipos de investigadores. Pero en países como en Reino Unido, la escasez de días soleados ha jugado en contra de esta tecnología.

Si las reservas de petróleo realmente se acaban, los conductores podrían hallar algún "consuelo" en los trabajos de Leonardo da Vinci. Entre las invenciones del celebrado genio se encuentra un dibujo de lo que sería el primer vehículo autopropulsado, un carro mecánico. El vehículo de madera es accionado por resortes extendidos en la dirección opuesta al destino del conductor. También incorpora un sistema rudimentario de frenos. Si Leonardo hubiera inventado la primera cadena de producción en serie en el siglo XV y en aquel momento hubiesen existido salones de exposiciones como los actuales, quizás la historia de los medios de locomoción hubiera sido otra. El profesor Paolo Galluzzi, quien dirigió el equipo que el año pasado ensambló el automóvil basándose en los esquemas de Da Vinci, comenta: "Es una máquina muy poderosa. Si chocara con algo, podría provocar graves daños".
A pesar de los inconvenientes, los avances técnicos son asombrosos. Tal vez la tecnología de alguno de los vehículos más arriba descriptos llegue algún día a osupar el sitio que el motor de gasolina conserva hoy. Tal vez no, quizás un día se descubra una nueva manera de impulsar un vehículo con una tecnología que hoy ni soñamos. Sea cual fuere esa tecnología, el tiempo nos corre, y quizás en tan sólo 100 años al futuro las reservas de petróleo dirán "hasta aquí". En ese futuro un vehículo a gasolina no sólo será una pieza de museo, sino que será el más caro de poner en marcha.